
Si tuviéramos que establecer criterios y referencias relacionados con la belleza, la impecabilidad, el buen gusto, la buena intencionalidad, el detalle y la pulcritud mesurada, no dejaríamos de mencionar sin duda alguna, que en el Festín de Babette de Gabriel Axel, éstos criterios y referencias, muy carentes en la cotidianidad de la especie humana hoy , están elaborados como si fueran exquisitos manjares y servidos en sus mejores platos, posibilitando que de alguna u otra forma, produzcan un leve pero importante cambio en la vida de las personas.
Nuestra sociedad ha buscado a lo largo del tiempo, diferentes métodos, vamos ha llamarles “artificiales” hasta cierto punto, para cambiar sus maneras de ser, como pueden ser el alcohol, las drogas, etc.
Quizás el o los efectos que provocan, duren poco, pero existen, y es el efecto placer. A veces los efectos placenteros duran poco, son cortos pero intensos y profundos y bien merecen la pena. Otras veces son intensos, profundos y largos. Benditos sean, aunque sean escasos.
De hecho por ejemplo los carnavales, se instauran en sociedades muy creyentes también, como para tener por lo menos un día al año, un día de las carnes, en dónde todo está permitido, todo. No existe pecado: Dios se ha ido de paseo ese día.
El planteamiento de la película es interesante porque nos refleja el comportamiento humano ante lo que cree que nunca va a poder cambiar.
A veces nos planteamos cambiar determinadas situaciones, pero, en nuestra mente, no cabe la posibilidad de cambio. Queremos cambiar nuestras manías espirituales o nuestras manías afectivas y no somos capaces de hacerlo, pero porque ni siquiera en nuestra mente cabe la posibilidad.
Pero de repente ocurre un acontecimiento a nuestro alrededor, nosotros lo vemos o lo vivimos y de un momento a otro, “mágicamente”, encontramos cómo cambiar eso. Y pudo haber sido una visión, una conversación, que nos lleva repentinamente a sentir, a ver la posibilidad de cambiar nuestro proyecto interno, donde anteriormente no veíamos ninguna opción. Ha venido de afuera una información que ha propiciado que todo sea posible, como en realidad es.
Por lo tanto, podemos decir que esta película es como un milagro, ¿milagro?, sí, un milagro.
Hay cosas que pasan…uno es o eras de una manera, de una forma y le suceden situaciones o nos pasa algo y te vuelves de otra forma.
También es cierto que hay personas que aunque se lo quieren permitir, el cambio no les ocurre. Pero lo sorprendente es que tenemos aperturas en nuestro ser para que entren determinadas informaciones, o entren determinadas sensaciones a través de los sentidos, para que configuren y cambien nuestra manera de ser en tan sólo un instante o en un momento.
Dada la situación real, que se ve reflejada en la película, en donde un cierto grupo de personas que se han definido, en este caso, como cristianos protestantes luteranos, quedando enclaustrados en donde no se pueden permitir ningún tipo de comodidades, ni de gozo, de disfrute; sino que tiene que estar anclado o resumido en el dolor del Cristo. Hay que imitarlo en el dolor y hay que sufrir. No hay otra escapatoria, si se quiere ganar el Cielo, que vendrá luego, o, quizás, nunca vendrá.
La caracterización de los personajes demuestra un trabajo con una gran minuciosidad. Básicamente, se ve reflejada, una muestra de agradecimiento que hace Babette, la cocinera, para con la gente que la ha recibido y da todo lo que ella sabe de sí misma.
La belleza exquisita que hay en el tránsito de la rigidez con que vivían las personas de este pueblito del noroeste danés, a su transformación milagrosa, tan sólo con un toque sutil, elegante y sobre todo, un toque artista de alto nivel, provocado por un toque de intención que aún, que hasta las mentes más recalcitrantes y duras se modelan, se suavizan, se moldean de otra forma.
Y da la sensación, que ese efecto, va a durar. No da la sensación de que ha sido ese momento específico, el de la cena. No, la sensación es que ese cambio queda ahí.
Es ese “exquisito detalle”, y es una de las cosas que queremos resaltar de la película, ,que, cuando una persona pone “la intención como la que puso Babette, sin que nadie sepa que ella era famosa en París, ni nada, gastándose todo su dinero para realizar su ofrenda; la intención que le pone y el saber de buscar el gusto, el encuadre, la justa medida como las gotitas después del licor que echa, entonces eso es como decir que “el alto nivel de intención que nosotros pongamos en un hacer, es capaz de transformar, cualquier estructura. Por muy fuerte que ésta sea”.
Como queriendo decir, que las cosas que se hacen con verdadera intención, y, “verdadera intención” significa, cien por cien de intención, y esto se puede observar, según nos lo transmite Gabriel Axel, la directora de este film, en la manera que esta mujer está absolutamente pendiente de toda la situación.
Podemos llevar, elevar a la categoría de “arte”, cualquier actuación, siempre y cuando, como hemos visto la película, transcurra de forma lenta, despacio, suave, como preparando todo para ese momento. Ese momento en el que, curiosamente, no se hubiera dado, si esos personajes no hubieran sido tan rígidos.
Ante todo esto, podemos deducir que, si hago de mi vida y de mi hacer, una actitud pulcra, exquisita, preparada, francamente como incorporada a lo que yo intuyo que es la perfección - es decir, el arte - estaré en condiciones, de transformarme mientras lo hago y transformar a otros que participen en él.
Puede ser en el hacer cotidiano de cualquier cosa, aquí lo hemos visto reflejado en la gastronomía, pero puede ser en cualquier otra cosa, que es lo se puede extrapolar de la película.
Otro elemento o mensaje importante que resaltamos en la película, aparte de la fuerza que tiene el alimento en su presentación, en su aroma, en su gusto; es esa exquisita perfección que busca la cocinera, y que hay alguien que la capta debido a su experiencia y su cultura (como es el caso del General) pero que también la pueden captar personas que no tienen ese mismo bagaje cultural, haciéndolo a través del instinto, como sucede con el resto de los comensales. Cristo decía: “no echar margaritas a los cerdos”, pues aquí la película pareciera que nos quiere decir: “pues si echas margaritas a los cerdos, algunos cerdos, te salen buenos…” Muchas veces pensamos que hay personas que no van apreciar determinadas cosas, y estamos en un error.
Llama poderosamente la atención que todo transcurre sin apuros, sin sobresaltos, de manera suave, lo cual nos indica que, también los cambios que se producen cuando hacemos las cosas de manera impecable, de manera intencionada, sin recovecos, sin cavilaciones ni actitudes dubitativas; llegan a todo el mundo, y llegan de una manera suave y por otro lado, el cambio y la transformación que ocurre en las personas a pesar de que es suave es… inmediato y eso es lo que más importa. En otras palabras… el cambio no tarda mucho en producirse.
En la película se puede ver como los personajes sin dejar de ser lo que son, - en este caso de religión protestante, que protestan de ellos mismos y del gozo- ya lo vivido por ellos, es diferente. Ninguno es capaz de pensar que lo que ha pasado en ellos es debido a toda la pulcritud, a determinada actitud y minuciosidad ejercida por Babette.
Bien puede decirse que la película nos deja un grato recuerdo. Y además, nos da a entender o podemos deducir que, ese matiz de perfección, ese matiz de impecabilidad y sobre todo, ese matiz intencionado por una razón concreta, sumando a todo esto un estilo de “arte–transforma”, motiva a que transforme al que lo hace y transforme al que lo recibe.
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Cinematian
Cine de Dios...
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